La historia interminable del perdón
15 de junio, 2026
Esta semana me han tocado dos cartas que me ha costado transitar durante un buen rato: El Perdón y La Historia Interminable. Son dos conceptos con una relación increíble en mi mente, pero con una gran cantidad de matices que me ha sido difícil aterrizar. Para lograrlo, primero tuve que hacer una lluvia de palabras; es lo que siempre me funciona cuando hay mucho ruido en la mente.
Al pensar en el perdón, me doy cuenta de que es una palabra que a menudo se idealiza. Existen perdones que nacen del corazón, pero también hay otros que se ofrecen de forma más automática, u otros que generan una enorme culpa por creer que tenemos que llegar a sentirlos obligatoriamente algún día. Creo que, precisamente, la presión por llegar a él es lo que puede convertir el proceso en una historia interminable.
Desde que me comunico desde lugares más compasivos, presto mucha más atención al lenguaje. Usar la palabra de forma consciente implica también sentir cómo resuena dentro de mí. Y a mí, el perdón me produce peso y exigencia. Tal vez por mi propia historia de vida con este concepto, por lo que observo a nivel social o por lo que me encuentro en los acompañamientos a diario.
Personalmente, me resulta más orgánico traducir este concepto en otros términos: responsabilidad, conciencia y sentir. Creo que reconocer qué nos ha pasado, poder describirlo y nombrarlo con claridad, nos ayuda a entendernos mejor, sin la necesidad interna de forzar la palabra "perdón".
A veces, desde la infancia, aprendemos a pedir perdón de forma automatizada, como una respuesta social aprendida. Ante el estímulo A, reaccionamos con la respuesta B. Al hacerlo de este modo, cabe preguntarse dónde queda la expresión consciente de lo que realmente se está experimentando en ese momento. A menudo no se respetan los tiempos individuales; tal vez una persona necesita espacio para procesar y entender lo ocurrido antes de poder comunicarse con el otro. Pienso que el verdadero movimiento de conciencia consiste en poder conversar desde la vulnerabilidad, hablando de lo que sentimos y de lo que necesitamos. Ahí es donde la historia puede transformarse.
¿Por qué solemos sentir la obligación de perdonar las vivencias difíciles? ¿Por qué asumimos que la capacidad de perdonar es la única vía de liberación? Tal vez existan otras alternativas. Tal vez se trate simplemente de reconocer, transitar, aceptar y recolocar lo que fue. En este momento de mi vida, siento que no hay nada que perdonar; entiendo que todo son oportunidades de evolución si existen conciencia, responsabilidad y comunicación.
Si observamos los vínculos, el uso del perdón de manera mecánica puede transformarse en un bucle repetitivo. Para que una relación se fortalezca, suele ser necesario que la palabra vaya acompañada de una acción posterior que refleje una responsabilidad conjunta y atienda las necesidades mutuas.
Cada persona sostiene sus propias mochilas y sus ritmos para integrar la responsabilidad. Comprender esto nos permite elegir conscientemente cuándo salir de una dinámica que se repite, dejando de lado la culpa por las decisiones que tomamos para proteger nuestro bienestar.
Gracias por acompañarme en esta nueva semana de introspección.
Con cariño,
Siempre desde mi forma de pensar, sentir y percibir el mundo. Desde mi experiencia y mis conocimientos hasta el día de hoy; desde mi realidad.
Melania.