Nueva etapa, nuevos aprendizajes
Queridos/as almas sensibles,
Gracias por estar aquí una vez más, por elegir este espacio. Volvemos tras dos meses de vacaciones con novedades y ganas de encontraros. Lo que más me apetece de esta nueva etapa es compartir con vosotros, presencialmente, la mayoría de los encuentros. Seguramente sean todos, excepto diciembre. Volveremos a encontrarnos de septiembre a junio y, para el próximo año, por fin, organizaremos ese retiro que por temas personales no se pudo hacer este año.
De las últimas veces que escribí por aquí, todo estaba en plena transformación y cambio. Estos meses de bajar ritmos laborales y tener a mi escritura terapéutica como guía, me han permitido mirar hacia dentro y encontrar el camino de vuelta a mi. Hoy os escribo con la total certeza de que las decisiones tomadas son las que debía tomar. Ya me he adaptado a mi nueva realidad y tras la gran tormenta, ahora encuentro luz, claridad, amor. Creo que mi mayor aprendizaje estos meses ha sido hacerme la vida más practica, intentar encontrar la fórmula para vivir más tranquila, más presente y equilibrar mis contextos.
La última vez que escribí os conté que había tomado la decisión de separarme. Me apetece contaros como ha sido este proceso desde mi sentir y mi realidad. Digamos que hacía tiempo que sentía como la relación de pareja había perdido calidad y por más que intentaba hacer para solucionarlo, nada funcionaba. Decidí soltar el control y lanzarme al miedo de la soledad. Un camino que no ha sido fácil pero del que hoy me siento orgullosa y liberada. En ese proceso de toma de conciencia decidí separarme, el amor que nos había construido se estaba convirtiendo en algo que nos hacía daño. Caminos separados, dificultad para entendernos. No nos merecíamos eso, ni tampoco nuestra hija. La soledad emocional fue la mejor decisión para ambos.
Este tiempo de soledad, que han sido casi cinco meses, he aprendido mucho. He tenido que desmontar todos mis pilares para poder entender y encontrar otra forma de estar. En ese proceso de transición encontré todos los mecanismos que, por mi parte, habían llevado a esa situación. Un rol de madre que no me pertenecía, el control y la protección por miedo a que todo se rompiera… ¿pero y si lo peor que puede pasar es que se rompa?¿qué sucede entonces?… sí, sufres, sufres mucho. Y por eso la gestión emocional creo que es el pilar base de nuestra existencia. Agradecida por ello, con el tiempo empecé a mirar a mi marido desde otro lugar. Una vez que yo estaba limpia, podía ver con nitidez lo que necesitaba. A finales del mes de julio, decidí tener la que consideraba, la última conversación profunda con él. Era mi último intento. Esperé a estar regulada, esperé a tener claridad sobre todo lo que había dentro de mi y me aferré a todo mi aprendizaje sobre la comunicación compasiva para poder abrirme a recibirle. Y, fue la mejor conversación que habíamos tenido en años. Hubo resistencias a profundizar en lo que dolía, pero gracias a la recepción empática pude romperla y entonces, empezamos a hablar de alma a alma. Desde ese lugar nos entendimos, desde ese lugar pudimos vernos y entender la verdad de cada uno. Los dos teníamos razón, los dos habíamos sufrido, cada uno a su manera. Y tras estos meses separados, encontramos la luz para volver y comprometernos a ser cada día mejor, juntos.
A veces, creo que tenemos miedo de soltar, pero en ese acto, a veces cada uno realiza un proceso personal que, tal vez, nos lleva a reencontrarnos y encontrar el camino que vuelve a unirnos desde donde se creó. A veces no. Y eso también nos libera hacía otros caminos donde encontrar a personas que resuenan más con quienes somos ahora.
Me apetecía compartiros uno de los grandes aprendizajes de mi vida. Hoy, como nunca, escucho a mis necesidades y elijo compartir desde el AMOR. Primero, desde el mío, pues he tenido que acabar de aprender a amarme a mí misma para poder darle al otro desde la libertad.
Os abrazo,
Nos vemos muy pronto,
Melania.