Perfeccionismo
Me apetece mucho compartiros una parte de mi historia con el perfeccionismo. Pero antes, voy a citaros un párrafo de un libro que estoy leyendo, La mente bien ajardinada: las ventajas de vivir al ritmo de las plantas (Sue Stuart - Smith, psiquiatra y psicoterapeuta).
“Cuidar un jardín o un huerto implica una especie de conocimiento que en cierto modo está en continua evolución. Implica perfeccionar y desarrollar una comprensión de qué funciona y qué no. Tienes que construir una relación con el lugar en su totalidad: el clima, el suelo y las plantas que crecen en él. Estas son las realidades con las que debemos lidiar…”
La verdad es que si me hubieseis conocido hace unos 10 años, aproximadamente, el perfeccionismo era algo que, aunque era una cualidad positiva que tenía, jugaba completamente en mi contra. Afectaba a muchas áreas de mi vida y no me hacia eficaz, viviendo en una amargura interna constante.
Ahora entiendo que eso nace de una herida con mi padre, de la necesidad de sentirme reconocida y validada por él. Pues la única forma en la que yo me sentía reconocida era intentando “ser la niña o mujer perfecta”. Y… eso es un peso demasiado grande para cualquier persona. Pero bueno, no entraré en la profundidad de este tema, que podría ser otra entrada de blog para otro momento.
A donde voy es a hablar de esos bloqueos y creencias limitantes que nos genera el perfeccionismo. Es muy duro el sentimiento de tristeza, enfado y miedo / ansiedad que te genera no verte capaz de hacer algo, ver que la gran mayoría de las cosas están fuera de tu control o pensar en la cantidad de consecuencias catastrofistas que tiene para ti cometer un error. Claro, como os he comentado antes, esto viene de crianzas o contextos autoritarios y muy exigentes, donde no se nos ha permitido ni validado como niños. Ahora que soy mamá y que estoy muy metida en el mundo de la crianza y el desarrollo, entiendo la cantidad de cosas que están fuera de nuestro control porque estamos en desarrollo y, te das cuenta de cuantas veces se nos “culpa” de cosas que nuestro cerebro aún no es capaz de hacer ni sostener.
Y ahora cobra sentido la cita del libro…
Todos esos bloqueos y esas creencias limitantes que nos ponemos acerca del perfeccionismo, nos alejan de aprender sobre nosotros mismos y del entorno que nos rodea. Cuando empezamos o creamos algo nuevo, necesitamos tiempo. Es imposible llegar a la perfección (una comprensión en evolución) sin antes parar a observar mi entorno, observarme a mi, mis sensaciones, mis pensamientos… tenemos que construir una totalidad con la nueva experiencia y eso implica prestar atención a los detalles. Siendo PAS, eso se nos da muy bien. Si de entrada pensamos que no haremos algo porque no lo haré bien ni perfecto, nos perdemos la posibilidad de saborear los matices de todos los procesos por los que pasamos hasta conseguir perfeccionar una técnica, un producto, un negocio, una obra… todo está en constante evolución y eso es lo bonito. Nadie se enfada con nosotros por no saber andar cuando nacemos, ni tampoco por las veces que nos caemos en el intento hasta que perfeccionamos nuestro caminar y entonces, nos sentimos orgullosos de nosotros mismos. Ya podemos llegar a las piernas de mamá más fácilmente.
Decidirme a tocar el piano, cuando pensé que jamás se me daría bien, fue un choque experiencial con el perfeccionismo. Por primera vez me había apuntado a algo que volvía a activar esos mecanismos en mi. Claro, mi afán de mejora siempre me ha hecho una persona muy aplicada, pero… también podía bloquear cualquier tipo de aprendizaje. Así que… cuando empecé a tocar el piano, me di cuenta de lo bonito que era observar mi propio progreso. Era gracioso ver como mis manos tensas tocaban torpemente varias teclas al mismo tiempo y, ni os cuento como era coordinar ambas manos. Pero… a base de observarme, de respetarme, validarme, darme autoinstrucciones compasivas… poco a poco, me fui dando cuenta de que iba mejorando y que voy mejorando los detalles. Observo los matices y dejo que me nutran de información. Hasta ese momento, sabía que el perfeccionismo lo tenía arreglado, pero… después de esto entiendo lo que es un perfeccionismo saludable. Ya no tengo que demostrarle nada a nadie, solo a mi, demostrarme a mi misma de que si me doy el tiempo suficiente para aprender, soy capaz de hacer las cosas a mi forma, a mi necesidad y que eso está bien. Por ejemplo, no pretendo ser pianista ni dedicarme a la música, (ajustar las expectativas es otro tema interesante) pero con el piano, solo quiero aprender para disfrutar y expresar mi sentir a través de la música.
Eso sí, esa sombra siempre estará con nosotras, pero la abrazaremos. Por ejemplo, una voz antigua y tan bajita que apenas puedo oírla dice dentro que mi que este blog y esta comunidad podrían estar mil veces mejor, pero mi adulta que toma las riendas dice… ¿Cuánto sacrificio y obsesión habría para llegar a un estándar que sólo está en mi cabeza? …. Ahora, es suficiente. A mi me gusta, le gustará a quien tenga que llegarle y eso también será suficiente.
Gracias por leer mis divagaciones y reflexiones,
Siempre que te apetezca, puedes compartir las tuyas.
Un cálido abrazo.