Ciclos que terminan: Purificación

24 de agosto, 2026


Querido/a,

Esta semana me ha tocado la carta de PURIFICACIÓN.

Queda solo una semana para que acabe el mes de agosto. A mí, personalmente, se me han pasado estos tres meses —junio, julio y agosto— volando. En breve damos paso a septiembre. Siempre vivo septiembre como mi verdadero inicio de año, el comienzo de nuevos ciclos. Supongo que tiene relación con la cercanía de mi cumpleaños y con que tengo muy grabado de forma intrínseca el ritmo del "curso académico", pero me gusta sentir que mis nuevos comienzos suceden en septiembre: lo elige mi mente, pero también lo siente mi cuerpo.

Inicio este mes con una energía más expansiva hasta que llega el invierno. Cuando el frío se instala, necesito habitar un espacio más ermitaño hasta la primavera. Y cuando regresan la primavera y el verano, voy alternando ciclos entre esa energía ermitaña y la expansiva, entre la introspección y la extroversión. Este último tramo de julio y agosto lo he sentido como una auténtica PURIFICACIÓN antes del nuevo inicio. Siempre suele producirse una especie de limpieza en una o varias áreas de mi vida. Al ir escribiendo mi propia historia a través de la narrativa, me voy dando cuenta de los patrones que se repiten en determinadas épocas del año. Por ejemplo, marzo y abril representan un período en el que siempre suceden cosas decisivas y donde tomo determinaciones importantes. No lo supe hasta que no empecé a registrar mi historia de vida por pura curiosidad.

En estas fechas siempre se produce una especie de renovación o catarsis que sirve para iniciar un proceso de purificación posterior. El año pasado fueron los vínculos en general y algunas estructuras laborales obsoletas. Este año siento que ha tenido que ver conmigo misma: con haber terminado de soltar capas y haberme purificado internamente, encontrando mi nuevo rumbo tras tantos procesos consecutivos de desintegración. Una muda de piel completa. Ahora puedo ver partes de mí que tenía adormecidas, aspectos más extrovertidos. He pasado muchos años con la necesidad de recogimiento, lidiando con mis propias batallas internas y sanando heridas profundas. Ahora siento esa liberación y la vuelta hacia fuera, sin olvidarme de lo vital que es para mí preservar mis espacios hacia dentro. Como este espacio en el que hoy te escribo.

Los procesos de purificación no son fáciles: actúan como filtros que van apartando de tu camino lo que ya no resuena, lo que queda obsoleto o lo que debe transformarse. Es un proceso que aprendemos a transitar a medida que desarrollamos más herramientas para sostener la incomodidad que genera. Esta limpieza da paso a nuevas estructuras, nuevos vínculos y nuevas experiencias si estamos abiertos a recibirlas. Yo me doy cuenta de que, tras cada proceso de purificación, me voy alineando y encontrando con personas y entornos mucho más compatibles conmigo, aprendiendo también a habitar espacios diferentes manteniendo firme quién soy hoy. Supongo que la purificación va ayudando a que nuestra brújula deje de dar vueltas sin rumbo y pueda empezar a marcar su verdadera dirección (para escenificártelo: esto me recuerda a una de las escenas finales de Pocahontas, que si la has visto, sabrás cual es).

Gracias por acompañarme en esta nueva semana de introspección.

Con cariño,

Siempre desde mi forma de pensar, sentir y percibir el mundo. Desde mi experiencia y mis conocimientos hasta el día de hoy; desde mi realidad.

Melania.


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