Cuando todo se desintegra, la única certeza es que vuelve a nacer vida

30 de marzo, 2026

El fuego y la serpiente eran dos símbolos que me aterraban; siempre los relacionaba con experiencias negativas o sensaciones muy desagradables. Simbólicamente entiendo por qué: ambos son arquetipos de transformación. Y la transformación da miedo. Es un proceso natural por el que pasamos, pero la incertidumbre del "después" y el sostener esas emociones tan intensas que aparecen durante el proceso, a veces, puede ser abrumador.

Me resulta fascinante la sincronicidad de la carta de esta semana: TRANSFORMACIÓN. Este fin de semana caminaba por la naturaleza y me topé con un trozo de monte quemado. Todo arrasado; aún podías percibir la fragancia del incendio. Todo estaba cubierto de matices de color negro, gris y blanco. Pero empezaba a renacer: había brotes verdes que resaltaban, generando un contraste precioso. En ese preciso instante, hice una foto. Pensé que, aunque me parezca triste ver el monte quemado, forma parte de los ciclos de la naturaleza. Cuando todo se desintegra, la única certeza es que vuelve a nacer vida. Es un proceso de transformación. Justo ayer también leía a Dabrowski, quien habla de estos procesos como crisis necesarias para nuestra evolución interior.

Dentro de mí, resuena de la siguiente forma: he vivido todo un año de desintegración, un período necesario para mi transformación interior. En mi propio bosque interno ha habido muchos incendios. Puedo ver espacios que llevan tiempo conmigo, cuya naturaleza visualizo frondosa. Pero hay espacios que están en cenizas, llenos de brotes verdes que me avisan de que estoy preparada para crear un nuevo paisaje dentro de mí. De hecho, he empezado por transformar esta casita digital y mis narrativas, más alineadas con quien soy y ligadas a la naturaleza como musa. Para ver quién soy hoy, necesitaba que mis estructuras cayeran y honrar el tiempo que me han acompañado tal y como eran. Ahora es el momento de crear un nuevo paisaje interior.

¿Por qué ya no me dan miedo estos símbolos? Porque los he integrado dentro de mí, porque ya sé qué significa vivir transformaciones constantes; así llevo muchos años de mi vida. Solo necesitaba resignificarlos a través de la naturaleza y tener todas las herramientas con las que cuento para sostener las emociones que afloran y acompañan estos procesos. El fuego y la serpiente son dos símbolos preciosos; ambos hablan de transformación, ambos tienen sus procesos y deben respetarse. Mi fuego me ha traído nueva vida; mi serpiente ha mudado su piel, ha pasado su proceso de introspección ermitaña y ahora está preparada para iniciar su nuevo ciclo de vida transformada.

Con cariño, 

Siempre desde mi forma de pensar, sentir y percibir el mundo. Desde mi experiencia, mis conocimientos hasta el día de hoy, desde mi realidad. 

Melania.


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