Fluir

06 de abril, 2026

Hoy me dedico el espacio de escritura semanal un poquito más tarde de lo habitual, aunque la escritura de la mañana nunca falla. He estado en el pueblo disfrutando del ritmo lento, el silencio, la naturaleza… disfrutando de kairós. Parece mágico ese momento donde vivo al ritmo de mi cuerpo, al mismo tiempo que le doy espacio a mi hija para vivir en la lentitud, la pausa y el momento. Los ritmos nos llevan a tener una rutina, pero esa rutina acaba siendo la misma sin las presiones del tiempo. Hay espacio para la observación, para parar, disfrutar, saborear, sentir… para sentirnos.

Esta semana me ha tocado la carta de FLUIR, lo que me conecta directamente con el ritmo de este fin de semana. A veces, las necesidades imperiosas bloquean los procesos; respetarlos es recordar que todo lleva su tiempo. Esta misma mañana escribía en mi cuaderno: “Necesito hasta que acabe agosto para gestar con cariño y amor lo que estoy creando: el programa Habíta(te) con amor y El camino de la serpiente. Ambos nacen como proyectos dentro de mis formaciones actuales, lo que les dota de un sentido y una base de conocimientos muy profunda para mi.

El primero es una invitación a sanar nuestra autoestima y autoconcepto, reconciliarnos con el autocuidado, fomentar la autocompasión y abrirnos las puertas a la autorrealización; una segunda edición que nace reinventada para desbloquear los talentos latentes que tenemos y que, de hecho, estoy gestando en formato libro. El segundo, un proceso de transformación; un camino de introspección y re-conexión con el cuerpo que nos lleva a la muda de piel y nos invita a encontrarnos con una nueva versión de nosotras mismas, más alineada con nuestro verdadero SER, y que contará con su propio cuaderno de trabajo para transitar este viaje de forma profunda.

Darle sus tiempos de reposo en mi mente y disfrutar del proceso es algo realmente enriquecedor. Recuerdo pasar muchos años de mi vida con la sensación constante de ir a contrarreloj, sin poder disfrutar de aprender o crear a mi propio ritmo. Hoy me recuerdo que la fecha límite me la pongo yo, y que priorizo disfrutar del proceso hasta que llegue su momento.

La segunda carta que ha aparecido me resulta sumamente interesante: PEREZA. Aunque no lo parezca, tiene mucho sentido. Cuando no nos permitimos fluir y forzamos las cosas, iniciamos un proceso de burnout; la energía se bloquea y nuestras aguas se estancan. La pereza en este contexto es una señal de falta de energía por agotamiento. Por eso, me recuerda que lo más importante es darme espacios de "no hacer nada", espacios donde mi red neuronal por defecto tiene más tiempo de favorecer mis procesos internos. Son esos huecos que recargan el cuerpo y desbloquean la mente para que pueda hacer lo que tiene que hacer: procesar, integrar y crear.

Con cariño,

Siempre desde mi forma de pensar, sentir y percibir el mundo. Desde mi experiencia y mis conocimientos hasta el día de hoy; desde mi realidad.

Melania.

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Cuando todo se desintegra, la única certeza es que vuelve a nacer vida