Metamorfosis
07 de septiembre, 2026
Querido/a,
Esta semana me ha tocado profundizar en la palabra METAMORFOSIS. La carta me ha sugerido varias palabras: identidad, transición, tatuaje, muda de piel, serpiente, crecimiento, conciencia, despertar, versiones, fuerza…
Tras escribir estas palabras ha llegado un recuerdo de inmediato. La primera vez que tuve este concepto muy presente fue antes de irme a estudiar el Máster en Neuropsicología Clínica a Barcelona. En Mallorca se había formado una gran parte de mi. Es ese espacio en el que llevas toda la vida y hay gente que te conoce, otros no pero creen saber quien eres, otros que creen conocerte y sólo saben lo que les han contado… En fin, un espacio que a veces te condiciona y que puede llegar a ser el mismo que te bloquea crecer. Al menos, en mi caso.
Vi en Barcelona una oportunidad para vivir mi propia experiencia y, en aquel entonces, el deseo de demostrar que yo era independiente y totalmente capaz de vivir y responsabilizarme de mi vida en todas sus esferas.
Tenía 21 años, a punto de cumplir 22. Había terminado el grado en psicología y por fin iba a especializarme en lo que me gustaba, aunque por aquel entonces la neuropsicología aún no estaba del todo reconocida como profesión (Cómo no, yo metiéndome en cosas que siempre cuesta que sean reconocidas). Mallorca me apretaba. Antes de irme me tatué una mariposa en la espalda, justo entre la dorsal y la cervical. No sé muy bien como explicarlo pero tenía la sensación de que había tantas cosas que no me pertenecían que irme fuera era la oportunidad de ser y de que otros pudieran ir viendo, que fuera de ellos yo era lo que decía que era.
Pienso que tenía tantos condicionantes que Barcelona se convirtió en mi espacio de exploración, donde crear y probar que significaba SER sin ideas preconcebidas. A veces cambias y quieres crecer como persona en el mismo lugar y a veces, ese entorno lo percibe como una amenaza o como un imposible. Cuando dependes de otros aún es más difícil descubrirlo y hacerlo.
Yo solía trabajar los veranos en hostelería, siempre, desde mis 17 años. Ese dinero iba a sustentar mis gastos personales durante el año o para aportar en casa si era necesario. Ese año entre el paro y lo que había podido ahorrar, podía pagar mi año entero de alquiler y mis gastos para vivir allí. Aunque si me faltaba, pronto me ponía a buscar donde hacer horas de trabajo, sobre todo los últimos meses antes del verano: abril y mayo. Me acomodé a vivir con diferentes personas - cada una a su forma de ser y hacer -, estudié muchísimo, no solo porque me apasionara la neuropsicología, sino por mi alto compromiso con el esfuerzo económico que mis padres habían hecho en el máster. Siempre fui muy comprometida con mis estudios, aunque a veces al entorno le costara entender cómo disfrutar y estudiar podían ir de la mano, llegando incluso a dudar de mi capacidad para sacarme el curso. Un sesgo de pensamiento que demostré una y otra vez con mis notas. (Qué duro esto de sentir que tienes que demostrar una y otra vez quién eres, ahora que lo escribo).
Al no tener límites ni condicionantes pude empezar a descubrir mi capacidad real para llevar una vida adulta. Y eso me dió mucha seguridad, pasé de ser esa joven que otros pensaban que no era capaz a ver que lo era totalmente, que era lo que yo intentaba explicarles. A veces, las proyecciones de los demás nos hacen mucho daño. Pocos saben lo que vives dentro de ti, pero muchos opinan y proyectan sobre ti. Romper con eso fue una liberación, una completa muda de piel. Conecté con un mundo que me apasionaba, la neuropsicología y conocí a muchas personas diferentes y alienadas conmigo. Personas que han sido anclajes en mi vida para encontrarme.
Esa fue mi primera metamorfosis, encontrar quien era y confiar en mis capacidades para tomar decisiones, solucionar problemas, hacer las cosas sola y a mi manera y, empezar a vivir una vida independiente en su totalidad, libre de juicios y de expectativas ajenas.
A veces irse no es una forma de evitación, sino un espacio necesario para tomar aire y observar cuán grandes son nuestras alas y hasta dónde llega su capacidad para volar.
Gracias por acompañarme en esta nueva semana de introspección.
Con cariño, Siempre desde mi forma de pensar, sentir y percibir el mundo. Desde mi experiencia y mis conocimientos hasta el día de hoy; desde mi realidad.
Melania.