¿Sabiduría?
14 de septiembre, 2026
Querido/a,
Antes de empezar a escribir he necesitado tomar una respiración profunda, de esas en las que notas cómo el aire expande tus pulmones y sientes los espacios que hay en tus costillas posteriores expandiéndose en su totalidad.
Esta semana la carta es: SABIDURÍA PROFUNDA.
Creo y pienso que la sabiduría que voy construyendo dentro de mí nace de algo que me repito una y otra vez ante las cosas: “no lo sé”. Aunque sepa sobre muchos temas, nunca he creído poseer la verdad absoluta sobre lo que conozco. Considero que el saber es algo dinámico que se construye y se deconstruye a medida que te abres a la experiencia propia y a la de los demás. Leer a otras personas y recibir sus saberes con apertura y sin juicio ayuda a expandir los tuyos.
Confío en que tengo una base de criterio propio sobre las cosas y, desde ahí, voy hilando e intentando entender e integrar información. La mirada de principiante siempre me ha llevado a adentrarme en diferentes terrenos que tal vez otros negarían o cerrarían: la propia necesidad de comprender. Al final, pienso que existen múltiples formas de entender, nombrar e intentar llegar a una misma respuesta: quién soy, cuál es mi propósito, cómo atravesar el malestar y la dualidad, que sentido tiene la experiencia humana... Y a veces nos aferramos a competir por una única verdad. Hay tantas verdades como personas y seres vivos habitan este planeta. Yo suelo partir de la base de lo que sé pero, al mismo tiempo, me digo: tal vez no. ¿Por qué no?, me pregunto siempre.
Entiendo que, desde la mirada científica, a menudo se niega aquello que no se puede demostrar. Pero negarse en rotundo tal vez sea una forma de cerrarnos a descubrir. Escribiendo esto me viene a la mente la película Avatar: escrita desde hacía años, pero imposible de recrear hasta que llegó su momento (con cierto interés en que llegase ese instante, un factor importante que no podemos perder de vista). ¿Qué significaría que realidades que narran muchas personas realmente existieran? Sería una revolución, una transformación profunda para la que tal vez el sistema no esté preparado. A mí me encanta que me cuenten cosas, y te das cuenta de que muchos hablamos de experiencias y sensaciones con cuidado, con cierto miedo, para que no nos oigan. Es extraño.
A mí me gusta curiosear. Y ante una experiencia para la que no tengo respuestas no digo no; digo no lo sé, abriéndome a la posibilidad de modificar mis esquemas mentales si llega el momento. Hay cosas que yo misma he experimentado y no puedo decirte por qué lo sé, solo se que lo sé y lo siento.
Muchos saberes que hoy albergo son modelos y teorías de corrientes varias que solo buscan nombrar la experiencia humana. Da igual si son los chakras, el mapa del diseño humano o los astros: todos son intentos de explorar y comprender al ser humano. Una cosa es desde dónde se crearon y otra muy distinta desde dónde se interpretan. Cuando te abres a profundizar, te das cuenta de que muchas ideas preconcebidas que tenías sobre estos temas no tienen nada que ver con la profundidad con la que originalmente se construyeron. Como todo, se distorsiona e interpreta; le pasó a Nietzsche con la lectura que hizo Hitler de sus pensamientos.
Si nos quedamos solo con lo que interpretan unos pocos, creo que nos perdemos la oportunidad de ampliar nuestra propia mirada y la de tantas personas que deberían sentirse libres de expresarse desde el lugar donde encuentran su resonancia.
Por todo esto, la sabiduría no creo que consista en llegar al “lo sé”, sino en tener la capacidad de ver más allá, de mantener una mente curiosa y de llegar a entretejer tus propias conclusiones a través de la experiencia encarnada y no únicamente de la mente. De aprender sin interpretar ni distorsionar, de limpiar nuestros sesgos y juicios.
Gracias por acompañarme en esta nueva semana de introspección.
Con cariño, Siempre desde mi forma de pensar, sentir y percibir el mundo. Desde mi experiencia y mis conocimientos hasta el día de hoy; desde mi realidad.
Melania.