El autocuidado en la maternidad
Os dejo mi sentir y algunas reflexiones que hice el 25 de diciembre del 2022 sobre mi crianza, mi autocuidado… cómo la sensación de ausencia de mi marido me tenía presa de la hiper-responsabilidad y el control. Estaba en los inicios de descubrirme y entenderme como PAS.
“Siento que me he perdido un poco a mi misma. Estoy dentro de un rol de mamá que está disponible “24 horas”. Me resulta agotador. A veces siento que no estoy para ella y eso me frustra, porque quiero hacer las cosas de otra forma. Necesito empezar a encontrar espacios para mi, para mi soledad elegida, para mis actividades.
Tengo que aprender a poner límites en mi relación. Precisamente el autocuidado es un valor que quiero inculcarle, pero del cual no soy un buen modelo ahora mismo. Soy PAS y ahora soy consciente de que me sobreestimulo con facilidad, pero sigo intentando aguantar y luego exploto con dolores, fatiga, irritabilidad… ella no se lo merece. Por eso merece empezar a ver que si yo me cuido, la calidad de mi tiempo con ella será mayor, y yo también me voy a sentir mejor. Primero para mi, para que pueda ser para ella también”
Recuerdo sentirme muy enfadada por la ausencia de mi marido en la crianza de nuestra hija, pero de lo que no era consciente era de mi parte de responsabilidad con que esto se perpetuase en el tiempo. Los límites son un punto débil de las PAS y era mi oportunidad de aprendizaje para marcarlos. No me costaba ponerlos en otras esferas de mi vida, pero si con mi marido tras la maternidad. Decidí que el cambio tenía que venir de mi y no esperarlo de él, pues eso también me tenía presa de una sensación de frustración constante porque no se cumplían mis expectativas. Expectativas que estaban totalmente fuera de mi control. Lo que estaba dentro de mi control era mi aprendizaje. Entonces decidí trabajar más en mi comunicación y en mis espacios. Empecé a marcar límites y dejé de responsabilizarme de muchas cosas que no me tocaban, permitiendo que hubiera consecuencias naturales de las cosas. Entonces, poco a poco, aunque sentía miedo de lo que eso pudiera generar descubrí el alivio. Realmente tenía miedo de que todo lo que había construido se esfumase, por eso ejercía ese control sobre todas las cosas que sucedían en el día a día de nuestra familia. Un sistema nervioso en alerta constante, totalmente agotador. Me di cuenta de que no pasaba nada si las cosas no salían bien, pues yo no podía autodestruirme por mantener una “realidad” que me hacía daño. Cuando asumí que todo podía destruirse, curiosamente, me liberé. Realmente, si eso tenía que pasar, posiblemente era lo mejor para todos. Para mi sorpresa (aunque consciente por mis conocimientos teóricos) mi cambio personal empezó a generar un cambio en las dinámicas familiares y mi marido empezó a tomar conciencia, empezó a respetar más mis espacios y a entender que sí queríamos que las cosas salieran como queríamos, teníamos que formar un equipo.
Seguimos en ese proceso, porque a veces, sigue costando en algunos momentos. Pero me doy cuenta de que mi continua evolución hace efecto sobre él y al verme más empoderada, independiente, con valores y respeto hacia mi misma y nuestra hija, hace que el tome conciencia y quiera evolucionar.
Siempre hay dos caminos posibles, la separación porque uno evoluciona y el otro no, o la evolución conjunta para crecer y seguir unidos. Cualquier opción, será la correcta si eso implica el bienestar de todos. Cada cosa traerá su aprendizaje.