Procesando el duelo

Y aquí estamos un mes más, con un poco de retraso en comparación con otros meses. Ya sabéis, los duelos traen esas energías bajitas que hacen que todo se mueva lentamente. Que muchas cosas se pospongan o que lleguen más tarde de lo habitual. 

El mes pasado estuvimos hablando sobre el DUELO y a todos nos removió mucho. Yo sigo en ese proceso de duelo constante desde enero y parece que la vida no me da demasiada tregua. La valentía me acompaña a superar las adversidades que estoy atravesando para poder conectar con aquello que soy realmente. Está siendo un proceso de transformación muy profundo donde muchos días siento miedo. Es por eso que os cuento tantas veces lo importante que es aprender sobre nuestro mundo emocional… reconocer esa brújula interna y permitir que cada emoción se exprese y se transite. Pues si no, ese miedo se convertiría en mi pero aliado y no me dejaría seguir adelante. Pero ahora lo miro, lo escucho, lo expreso, tengo mis diálogos con él y le doy de la mano para seguir adelante. Recorremos el camino juntos. Y de la mano de la tristeza y a veces, el enfado de que la vida no me de tregua. Pero, si así me lo ha traído, debo confiar en que sabe que soy capaz de superarlo y sostenerlo. (Esto es otro melón, la vida no nos trae nada que no seamos capaces de transitar o sostener). 

Sigo cuidándome mucho, pero ojo, la somatización del estrés es inevitable. A mi me sale en forma de acné y la activación del colon irritable / dolores musculares y articulares. Aunque cada vez duran menos y eso me ayuda a saber que estoy haciendo bien las cosas.  ¿Sabéis cómo os avisa vuestro cuerpo? Al final… es tan fácil que nuestro sistema nervioso sensible se encuentre estresado, que debemos identificar y conocer muy bien sus señales. El cuerpo sabe antes que nuestra razón sobre cómo se siente. Tal vez os invito simplemente a reflexionar sobre vosotros mismos, sobre qué se os activa a vosotros., qué os hace saber que vuestro cuerpo no se siente seguro y necesita calma. 

Somos personas altamente sensibles, no podemos vivir al ritmo del 80% de la población y está bien. Está bien escucharnos, parar, no hacer nada si así nuestro cuerpo lo pide algún día… pues es nuestra recarga y es la única forma de darle la seguridad que necesita para seguir adelante. Sin ello, enfermamos. 

Os abrazo, 

Melania.

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