Nuestra propia mentira


28 de Septiembre, 2026

Querido/a,

Esta semana, me ha resultado curioso algo. Estaba barajando mis cartas y de primeras una carta parecía querer asomar, la ví, pero no le hice demasiado caso, la coloqué y la volví a meter en la baraja. Tras un rato barajando, otra carta se giró. Decidí cogerla. Era la misma: La mentira. 

Frases que me llegan al ver estas cosas: “Da igual las veces que la quieras ocultar, siempre encontrará la forma de salir”.

Pensé que desde niños vamos construyendo aquello que es aceptado y querido por los demás. Construimos una identidad que con el paso de los años, tenemos que desmontar, nuestro SER pidiendo que le encontremos y dejemos salir. . 

¿Somos entonces nuestra propia mentira?. Viéndome desde las partes que se tienen que formar para encajar y alejarnos de quienes somos, sí. Antes de un despertar de conciencia actuamos en automático:

  • Repetimos frases hechas 

  • Defendemos ideas que pertenecen a otros porque aún no tenemos las nuestras

  • Hacemos y actuamos porque siempre ha sido así

  • No pensamos en si existen otras formas de hacer las cosas, no nos cuestionamos.

Vamos siendo aquello que creíamos que teníamos que ser. Desde que soy madre y observo de cerca la construcción del “yo”, me doy cuenta de que yo solo soy un granito de arena de todas las influencias y mensajes inconscientes que ella recibe. Yo veo quién es e intento acompañarla a que se sienta libre de ser, pero ella se va construyendo para encajar y adaptarse a otros entornos, a otras personas. Y vas viendo diferentes identidades en función de con quién esté. Aunque te des cuenta de que contigo, puede ser ella.

Tal vez sea normal construirnos esa “mentira” sobre nosotros mismos para sobrevivir. Cada vez pienso más en que uno de los propósitos del ser humano es quitarse todas esas capas para encontrar quién es de verdad. Igual el camino es construir para deconstruir. Igual es el propio cerebro, creando una masificación de opciones y conexiones hasta que llega la poda sináptica y decide cuales tienen más fuerza y son las que se quedan. 

La libertad tal vez se encuentre en dejar de ponernos máscaras y ser nosotros mismos, estemos donde estemos. Lo que ves es lo que soy. A mi me ha costado mucho tiempo y esfuerzo llegar hasta ahí, pero quizás sea ese el camino. Yo soy y estoy, da igual donde, da igual con quién. Vivo sin máscaras y alineada con mi ser, siempre en constante autorreflexión, pues la vida transita y tus propios cambios siempre necesitarán reajustes e introspección. También de espacios de transformación donde quizás tu entorno deja de encajarte, donde tienes que tomar decisiones para encontrarte. Tal vez sea de las deconstrucciones más difíciles: ser consciente de que hay lugares y vínculos que ya no son. 

Tal vez el sentido ya no sea encajar en todos los lugares sino volvernos cada vez más selectivos, donde nos sentimos libres de ser. Y tal vez, eso cambie la mirada del envejecimiento. Igual envejecer es “volvernos rígidos” en cierta forma, aunque yo no le llamaría rigidez, sino selección, coherencia y autoconocimiento. En el camino vamos encontrando quienes somos y nuestro lugar. Ya vivimos muchos años adaptándonos al mundo; igual cuando la vida baja nuestra energía necesitamos simplemente SER en lo que hemos encontrado que SOMOS. 

Gracias por acompañarme en esta nueva semana de introspección.

Con cariño,

Siempre desde mi forma de pensar, sentir y percibir el mundo. Desde mi experiencia y mis conocimientos hasta el día de hoy; desde mi realidad.

Melania.


Siguiente
Siguiente

Cuando el aire se vuelve tierra